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martes, 7 de abril de 2009

SENTENCIA DE LA RAZÓN


La mayoría del país aprueba la condena a 25 años de prisión acordada por el Tribunal Penal Especial de la Corte Suprema contra Alberto Fujimori.
En el mundo entero, la sentencia fue colocada bajo este gran titular:

CULPABLE.

La razonada sentencia ha acumulado decenas de pruebas que demuestran que Fujimori comandó un grupo de poder y crimen cuyos soportes fueron el capitán (r) Vladimiro Montesinos y el general Nicolás de Bari Hermoza.

A la luz de los hechos, expuestos con claridad y rigor en la sentencia, aparece Fujimori no sólo como un criminal despiadado, sino también como un cínico.

En el proceso y en declaraciones periodísticas, el ex presidente ha afirmado que no conocía de los asesinatos cometidos por el destacamento “Colina”. Sólo fanáticos enceguecidos pueden creer que, ocho meses después de la matanza de “Barrios Altos”, en la cual Martin Rivas mató a un niño de ocho años de edad, el ex presidente no sabía de esa organización criminal.

Sectores independientes de la prensa peruana y observadores internacionales habían investigado ya la pavorosa hecatombe de “Barrios Altos”, y señalado a los autores, pero el ingeniero Fujimori afirma no haberse enterado de nada. “Yo soy el jefe, pero no sé nada”, podría haber dicho.

Eso es lo que, conforme a ley y razón, el tribunal califica de omisión culpable, porque, si hubiese sido un gobernante democrático y responsable, hubiera debido ordenar no sólo la investigación, sino también el castigo para el grupo militar que efectuó tal ejecución extrajudicial con armas, municiones y hasta movilidad oficial.

Lo que sí hizo Fujimori es felicitar al comando ‘Colina’ “por sus exitosas operaciones”, además de amnistiarlo para que siguiera disfrutando de la vida. Y de la muerte.

Keiko Fujimori, la heredera política del ex dictador, considera que la sentencia ha sido inspirada por el odio. Esa señora, que no se inquietó por el trato despótico y cruel dado por su padre a su madre, doña Susana Higuchi, parece incapaz de sopesar la magnitud de los delitos de su progenitor.

A lo mejor cree que las matanzas de “Barrios Altos” y “La Cantuta” fueron inspiradas por el amor.

No la ha conmovido el asesinato de personas modestas que se habían reunido en el jirón Huanta para una pollada destinada a reparar servicios en su casa de vecindad. Keiko, la candidata presidencial que no sabe nada de nada, ignora quizás el sufrimiento de los estudiantes de “La Cantuta”, asesinados, literalmente, a sangre y fuego, y victimados después por las calumnias del fujimorismo militante.

No es capaz de compartir el dolor y la cólera de las madres y parientes de esos jóvenes.

El tribunal declara en su sentencia que las 29 víctimas de “Barrios Altos” y “La Cantuta” no estaban vinculadas a Sendero Luminoso. He ahí otra calumnia que se desbarata.

Fuente: César Lévano / Diario La Primera
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CONDENA A 25 AÑOS DE ALBERTO FUJIMORI CAUSA RABIA A LA DERECHA CAVERNARIA EN EL PERÚ


La rabia de la derecha


La condena a 25 años de Alberto Fujimori no sólo es una obra maestra del derecho y de la lógica, una construcción mental de impecable claridad y un encadenamiento irrefutable de hechos, documentos y testimonios.

La condena al hombre que confederó los vicios de la república y las peores flaquezas de la sociedad peruana, es un momento histórico pero también, y fundamentalmente, una manera de recuperar la decencia nacional.

Somos bastante mejores como país desde el día de ayer. El fujimorismo gutural quería que siguiéramos siendo, en muchos sentidos, una tribu sin ley que festejara la infamia y que sólo tuviera por norma la conveniencia de su cabecilla.

La sala penal que ha juzgado y condenado al usurpador de nombre Alberto Fujimori nos devuelve al mundo civilizado. Podemos decir ahora que, a diferencia de Chile, hemos aplicado la ley a quien jamás la acató. Porque si Pinochet sufrió ciertos aprestos judiciales -infligidos sobre todo gracias al juez español Garzón y al fuero londinense- murió, sin embargo, de larga vida y muchas muertes y jamás fue condenado.

Fujimori, en cambio, podrá ahora apelar a las instancias políticas de la siempre intervenida Corte Suprema, pero la condena de ayer lo marca para siempre y marca un antes y un después en la historia judicial peruana.

La historia del Poder Judicial en el Perú ha sido una historia de corrupción general y de muy pocas grandezas. La mayor de esas escasas grandezas, la grandeza mayúscula, ha ocurrido ayer. Y gracias a estos jueces con vocación de historia, tendremos que mirar de un modo distinto a la judicatura.

La corrupción no es inexorable. Los jueces paradigmáticos que ayer le han lavado el rostro al Perú demuestran que, al final, la elección entre el honor y la sordidez será siempre un asunto personal. Y que las personas dignas, más allá de las presiones y las turbas amenazantes, producirán siempre actos dignos.

Frente a tantos años de canalla abogadil y jueces no sólo sin rostro sino también sin honra, la sala penal presidida por César San Martín e integrada por los vocales Víctor Prado Saldarriaga y Hugo Príncipe Trujillo nos reconcilia con la esperanza: los jefes de Estado no son impunes, la democracia también es depuración y limpieza, no es una fatalidad aceptar el crimen ni resignarse ante la inmundicia.

Si hubo un San Martín importado y amable que juró la independencia en 1821, ayer ha habido un San Martín nacional que nos ha librado de una dominación tan indeseable como la que España impuso en estas tierras: la dominación del deshonor.

Fujimori es la interpretación más cabal y el resumen biográfico más perfecto del deshonor. No hubo deshonor que le fuera ajeno ni traición que lo asqueara ni felonía que le mereciese algún reparo.

Traicionó a la democracia que juró respetar, a la Constitución que debía cumplir, a la esposa que lo catapultó, a los evangelistas a quienes debía la victoria, a los apristas a quienes había amado tanto, a los tontos que lo creyeron “populista”.

Y cuando la ola de podre lo salpicó, traicionó a los traidores Montesinos y Hermoza Ríos, lo que es un refinamiento no sé si romano o delicadamente oriental.

Y cuando la cobardía lo ensilló por enésima vez -porque la cobardía es madre de la crueldad, según Michel de Montaigne, y Alberto Fujimori fue cruel hasta con los cadáveres-, cuando la cobardía lo azuzó, digo, perpetró la que sería la traición más transoceánica de su historia personal: renunció a la presidencia desde Tokio (“porque temía por mi vida”, diría después), se hizo japonés extrayendo la nacionalidad secreta que siempre había negado tener, se vinculó a círculos mafiosos y fascistas de la política del Japón, apareció de pronto en Chile creyendo que en el Perú lo esperaban las masas y, cuando la policía chilena lo detuvo, candidateó sin éxito al Parlamento nipón para blindarse.

Esa trayectoria ha terminado ayer con una condena que nos enaltece como país. Y esa condena se yergue ahora como un aporte de los jueces peruanos al derecho internacional y a la lucha que Latinoamérica ha librado en contra de la barbarie.

Sendero Luminoso y el MRTA le declararon la guerra al país. Pero, como lo demostró Antonio Ketín Vidal, enfrentarse al salvajismo marxista de Sendero y del MRTA no implicaba convertirnos en gentuza que celebrara en una playa militar una fiesta borracha tras el asesinato de nueve estudiantes y un profesor.

Fujimori vivió a sus anchas cuando Sendero y el MRTA le permitieron actuar como si todo le estuviese permitido. La captura relativamente precoz de Guzmán, debida al GEIN y no a los sicarios mandados desde Palacio, lo desconcertó.

Pronto, sin embargo, encontraría nuevos motivos para continuar su campaña destinada a “prolongar” la guerra todo lo que fuera posible. Un país normalizado no era conveniente porque podía permitir que la gente mirara el otro lado de la luna: el masivo latrocinio del presupuesto militar, las coimas grandiosas que irían a parar a Suiza y a la banca sucia del Caribe, la venta mafiosa de las empresas públicas, la compra de tractores chinos sobrevaluados y de aviones de guerra que costaban la mitad de lo que se decía que costaban, el uso de dineros públicos para comprar a los congresistas tránsfugas y sostener la prensa de estercolero dedicada a denigrar a “los enemigos”.

En estos días hemos visto y oído al fujimorismo, en todos sus matices, expresarse con plena libertad. Desde las objeciones de Valle Riestra, ese tribuno de “La Tribuna” y ese primer ministro goloso de la dictadura, hasta la señora Keiko Fujimori, que hasta ahora no nos dice cuándo devolverá el dinero sucio que recibió de su padre, pasando por Jaime Bayly, ese fujimorista que salió del clóset para anunciar que votará por quienes siempre lo asustaron y a los que siempre aduló.

Fujimori condenado. Las turbas que Raffo recolecta entre el lumpen harán lo suyo. “La Razón” gritará lo previsto. Martha Chávez, Martha Hildebrandt, Luz Salgado y Carmen Losada de Gamboa regurgitarán sus viejos argumentos. Valle Riestra usará, más que nunca, la corbata del luto por sí mismo. Los canales que le deben a la Sunat lo que la Sunat jamás permitiría a otros que se le debiera, seguirán reciclando chicharrones de prensa.

Pero todo eso será episódico. Desde ahora, el condenado Fujimori ya no es la víctima de una persecución que sus parásitos jamás pudieron demostrar. Desde ayer, Fujimori es un reo. Y el Perú ha amanecido distinto. El Perú ha jalado la cadena.

Es importante no olvidar algo que podría ser fundamental. No sólo los Saravá están de duelo. Están también de duelo, aunque quisieran aparentar lo contrario, los empresarios que apostaron todo por Fujimori.

No sólo en “La Razón” -el diario que justifica la masacre de Gaza tanto como la matanza de Barrios Altos- están de duelo. También lloran como viudas y viudos repentinos en “Eisha”, en la Confiep servil, en las oficinas de Dionisio Romero, en las gerencias de Saga y Ripley.

Porque Fujimori no fue sólo Barrios Altos y La Cantuta. Fujimori fue también la ejecución del consenso de Washington y del liberalismo en dosis de caballo.

El liberalismo no llegó a América Latina demandado por los pobres, como dicen los pobres diablos. El liberalismo llegó a Chile de la mano ensangrentada de Pinochet y a Argentina de la zarpa de Rafael Videla.

El Perú no podía ser distinto. Una política de persecución de los derechos adquiridos por los trabajadores, de supresión de los sindicatos, de ajuste para los de abajo y ganancias excepcionales para los de arriba y para las corporaciones que los de arriba muchas veces representan, sólo podía ejecutarse en medio del estado de excepción, la Constitución suspendida y la democracia quebrada.

La condena a Fujimori tiene connotaciones políticas. Pero no son las que el fujimorismo pretenderá esgrimir estos días. El sustrato político en todo esto es que la condena de ayer no sólo alcanza al autor mediato de crímenes abominables y al cómplice encumbrado de asesinos sombríos, sino al operador de una política que hoy, con la crisis mundial desatada, se muestra no sólo como injusta sino también como insostenible en el largo plazo.

La derecha llora por Fujimori. ¿Quién dijo que los cocodrilos no lloraban de verdad?

Fuente:
César Hildebrandt.

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viernes, 3 de abril de 2009

LA FALACIA SOBRE LOS AUMENTOS DE SUELDOS A LOS MAESTROS




Maestros ganarán hasta 4066 soles

Dice el titular de este periódico. El domingo pasado, todas las personas, especialmente los de estratos medios y bajos (a quienes va dirigida esta falacia) observan con atención y sorpresa semejante anuncio en los quioscos de las esquinas. Pero esta vez, a diferencia de años atrás, leen con mayor incredulidad.

Todos los educadores están en una situación económica difícil puesto que tienen el salario congelado desde el último aumento, hecho por Toledo, hace varios años. Un anuncio así, también llama su atención, pero como tantas veces han sido víctimas de anuncios demagógicos, maltratos mediáticos, caos técnico-normativo, etc. inmediatamente reaccionan y continúan con sus quehaceres.

Algunos, se dejan seducir por el increíble anuncio, la desesperación hace que crean en el espejismo, compran el periódico, lo leen con asiduidad, en segundos aplican sus habilidades lógico-matemáticas y comunicativas (ésas que tantas veces lo han hecho merecedor de insultos) se desilusionan inmediatamente y usan el periódico para envolver el pescado u otro destino menor.

La pirámide de la CPM condena a la gran mayoría de educadores al primer nivel. La noticia dice que ellos ganarán 2073 (bruto) por cuarenta horas, mientras que ahora gana 1285 soles. Descontando la donación a las AFP (aprox. 10%) en la CPM ganarán unos 1880 soles neto por cuarenta horas, es decir 47 soles por hora. En la ley vigente, actualmente los profesores del primer nivel ganan 1285 soles bruto, es decir unos 1165 neto por dieciocho horas, unos 64 soles por hora; o sea, con la nueva CPM ganarán menos y trabajarán más.

Conservando las proporciones en el primer nivel, es decir, manteniendo el mismo pago de 64 soles por hora de trabajo semanal/mensual el gobierno debería pagar 2560 soles por 40 horas y no los 2073 que ofrece como "atractivo" para que los educadores se pasen a la CPM. En otras palabras, si se incrementa la jornada de trabajo de 18 horas a 40 horas, el salario debería incrementarse en la misma proporción con lo que los maestros pasarían a ganar 2560 soles. Esto no constituiría ninguna mejora o aumento salarial; solo el justo reconocimiento por la incremento de la jornada de trabajo.

Ese diario comete una grave falacia (la gravedad radica en que es un medio de comunicación masivo) al dar información incompleta con la intención de llevar al público lector a conclusiones equivocadas. Dice que con la CPM los profesores ganarán en el primer nivel 2073 y que en la actualidad ganan solo 1285, conduciendo al público a concluir equivocadamente que el gobierno casi duplicará el sueldo a los educadores que pasen a la CPM. Y esta conclusión es falsa puesto que omite decir que actualmente los educadores ganan 1285 soles por 18 horas de trabajo. No se pueden comparar las cantidades 2073 y 1285 si no se toma en cuenta el tiempo; es como comparar lo que gana usted en una semana con lo que gana su amigo en un mes.

Otra falacia mayor aún radica en la idea de que los educadores que tengan méritos podrán llegar a ganar en el quinto nivel hasta 4066 soles sin señalar explícitamente que sólo podrán acceder a este nivel el 5% de los maestros y que el resto, el 95%, por más méritos, capacidades, experiencia y estudios que tengan no podrán ganar esa cantidad porque la ley lo impide. Es una doble falacia puesto que tampoco compara los valores reales: 4066 para 40 horas que equivale a 102 soles por hora, que comparados con el sueldo actual, 64 soles, solo representa un aumento de 37% para el 5% de educadores. Sin embargo, ese diario vende la conclusión errada de que todos los mejores educadores ganarán el cuádruple de lo que ganan ahora.

Para hacer una comparación real (no falaz) de lo que ofrecen solo a los 5 mejores de cada 100 educadores, tendríamos que igualar la jornada laboral. Regla de tres simple: si, al 5% de educadores que llegarían al V nivel, el gobierno ofrece por 40 horas 4066 soles, ¿cuánto ofrece en realidad por la jornada normal (18 horas)? Respuesta: 1829 soles (1650 soles neto).

Ese diario no menciona que para llegar al V nivel es condición previa sortear por 20 años las evaluaciones para despido. Menos va a mencionar que el gobierno paga solo por un tercio del tiempo de trabajo del educador, que corresponde a las sesiones de aprendizaje; teniendo sin reconocimiento económico los otros procesos curriculares como la planificación, evaluación, etc.)

Para llegar al quinto nivel los requisitos son varios y todos ellos requieren de inversión en la formación y producción del educador. Pero, la formación (estudios de post grado, idiomas, segunda especialidad) requiere de financiamiento que con los salarios actuales el educador no puede asumir (salvo que tenga otros ingresos mayores).

Del mismo modo, la producción intelectual requiere que el educador tenga recursos económicos suficientes y las tranquilidad que éstos dan, para dedicar tiempo a esa tarea. En las actuales condiciones económicas, el educador al servicio del Estado carece de ambas condiciones.

Así, los niveles superiores de la CPM son solo pobres imitaciones de las ilusiones de Copperfield para que algunos incautos educadores se lancen desde el trampolín de La República a la piscina sin agua de la Carrera Pública Magisterial.

En resumen, el gobierno de turno quiere que los educadores pasen a la nueva carrera magisterial reduciéndoles el sueldo y aumentándoles la jornada laboral y el diario La República lo acompaña en esta campaña en contra de los educadores y de la educación.

Y claro, no podría ser de otra manera. Imagínese, amigo lector que todos los peruanos tuvieran la capacidad de notar las falacias mencionadas líneas arriba. Inmediatamente ese diario perdería toda credibilidad, bajarían radicalmente sus ventas; el gobierno no podría engañar con titulares de ese tipo. Se caería todo el modelo político vigente.

Es evidente que a los medios de comunicación y al gobierno de turno les conviene mantener el analfabetismo funcional de la mayoría de la población, porque así ellos pueden taparle los ojos con esos titulares mientras por debajo de la mesa se llenan los bolsillos con faenones y honorarios de éxito.

Fuente: 7albores.

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Vozme



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