Veo con algo de desconcierto la encuesta de CPI. Por supuesto, mi sorpresa no radica en el más de 60% de desaprobación presidencial. Me sorprende que no lo hagan de conocimiento público. Normalmente, cosas así, son las que se deben de decir.
En fin. Pero mayor sorpresa, y casi espanto, me causa saber que mucha gente –como, también, lo señala la encuesta– crea que este gobierno está tomando medidas serias para mejorar la educación.
¿Pelearse con un gremio laboral –en lugar de trabajar con él– desprestigiar, maltratar e insultar a sus integrantes, puede verse como una forma seria de buscar una mejora en el sector donde dicho gremio labora? No lo creo. Aquello, más bien, parece la descripción de la actitud de alguien que no merece ser llamado presidente y que es un salvaje por naturaleza. Pero la gente no lo ve así. La gente piensa que los insultos se justifican y que los exámenes evitaran el “tarjetazo” y habrá, entonces, mejores maestros, por consiguiente, mejor educación. No saben pues, porque la gran prensa no lo dice, que sea encontrado a maestros vestidos con un color determinado de ropa –que sería la identificación para saber si son o no del partido aprista– con las claves de las respuestas y que hay rumores tan fuertes que ya no son rumores sino realidades, de que cierta universidad pública –la Federico Villareal, muy vinculada al partido de gobierno– está entregando certificados de “tercio superior” a sus egresados aun cuando éstos apenas habían alcanzado la nota mínima de aprobación.
¡Azángaro está en crisis!
¡Azángaro es cosa del pasado, ahora las falsificaciones son allí mismo; en la oficina principal y a poco precio, aproveche! ¿Entonces, en qué quedamos? Lo de mejorar la educación es un cuento barato que lo vengo escuchando hace años. Muchos caen en él, pues es lógico; quieren ver a sus hijos mejor formados y salir así de la pobreza en la que se encuentran sumergidos. Y eso lo aprovechan los gobiernos como el del señor García.
Bueno. Leía, hace un tiempo atrás, un libro de Realidad Nacional, donde, con detalles claros, se explica cómo debe mejorarse la educación. Ésta –dice, y es muy cierto– tiene ser un Proyecto Nacional, que se trabaje durante muchos años, y muchos gobiernos. Pero, en el medio, hay intereses. ¿Le conviene a cierto sector de opulencia que los más pobres reciban una mejor educación? Claro que no. Allí es donde nace el “cholo” explotado y barato. Y eso no se puede perder.
Bueno. García habla de mejorar la educación. Yo me rió. Cómo mejorar la educación si quienes se encargar de impartirla están mal pagados, por lo cual no pueden preparase bien y, a la vez, su mal pago facilita la coima o la coimisión (la comisión que ganan los docentes por sugerir la compra de ciertos textos escolares) de la que hasta hace poco se hablaba bastante. Cómo mejorar la educación si tenemos colegios que no parecen colegios, sino edificaciones sobrevivientes de una guerra. Y por último, cómo mejorar la educación con textos escolares gratuitos, llenos de mentiras donde se promociona –como leí en un libro de escuela pública el año pasado– a ex dictadores idolatrados por el presidente actual.
En fin. Bien decía García en su tercer artículo del ‘Perro del….’; “nuestra educación de precarios contenidos y mala calidad no enseña a comprender, ni a razonar críticamente”. Y es, precisamente, la gente que no analiza críticamente es la que respalda a García en sus medidas drásticas y poco efectivas para una educación que difícilmente mejorará, y que sea convertido en el bastón de un gobierno, que camina con muchas dificultades.
Fuente: Por Pedro Armando Rosario Ubarnes.
________________________________________________________________
__________________________________
____________

No hay comentarios:
Publicar un comentario