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miércoles, 2 de julio de 2008

VANESA QUISPE PONCE: UNA DOCENTE PARA IMITAR


Mientras que en las aventuras de Indiana Jones, el actor Harrison Ford interpreta a un inquieto profesor y arqueólogo en busca de reliquias con importante valor histórico para la humanidad, “aquisito” nomás, en el anexo de La Libertad, distrito de Santo Domingo de Acobamba, Huancayo, hay una joven docente que también afronta peligros y hasta desafía a la muerte, durante su travesía para llegar a su centro de trabajo: la escuela N° 31549.

Vanesa Quispe Ponce, de 25 años de edad, de mediana estatura y con apenas 45 kilos, inicia su viaje desde su natal Chupaca. Provista de un par de zapatillas, un juego de buzo y llevando a cuestas un equipaje de casi 40 kilos (con agua, víveres, ropa y útiles para sus alumnos).
Caminata infernal

En lo que va del año, tres de sus colegas que llegaron hasta el agreste paraje de La Libertad desertaron por el difícil acceso, pero Vanesa se quedó.

“De Huancayo salgo como a las cinco de la mañana rumbo a Huachocolpa, son 10 horas de viaje en camioneta. Al llegar, un padre me guía hasta el plantel, pues la primera vez que fui sola me perdí. Usualmente salimos a las dos de la mañana, pasando por los poblados de Villasol y Soledad. Todo el trayecto es un estrecho camino de herradura, hay partes con vegetación y otras de arena. Aquí abundan pequeñas serpientes, tarántulas y lagartijas. El sol quema y no hay agua. Son dos días de caminata por seis empinados cerros y dormimos donde nos cae la noche, un mal paso podría ser fatal”, narra con voz quebrantada.

Lucha indesmayable

Con las rodillas adoloridas, los pies hinchados y el cuerpo acalambrado, Vanessa y su guía llegan al poblado al tercer día de viaje, alrededor de las cinco de la tarde. “El cariño de la gente me fortalece, pues me reciben con comida y refresco”, señala, indicando, además, que se apresura para descansar a fin de dictar clases al día siguiente.
La jornada se inicia a las ocho de la mañana con 22 alumnos del 1° al 3° grado. Al mediodía, un ligero almuerzo y a continuar con otro grupo de 20 niños del 4° al 6° grado hasta las cinco de la tarde.

Pero estos pequeños carecen de carpetas, pizarras, textos, energía eléctrica y hasta baño. Incluso. la escuela de madera se cae a pedazos por la polilla, le faltan puertas y ventanas, y el techo podría volar con un ventarrón. Así transcurre los días en La Libertad, donde la vocación de una docente se impone ante la adversidad.

Fuente: Flor Cóndor Luya/Correo de Huancayo.
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